sábado, 7 de agosto de 2010

Polvo de Estrellas


Las máquinas siguen insuflando vida en este ciclópeo cuerpo hecho de cilicio y carbono. Y yo camino por sus viejas arterias. Hace años esta era la estación orbital más importante de la galaxia. Todas las rutas espaciales confluían en su espaciopuerto. Grandes cruceros Imperiales, Navíos de la Federación de Planetas unidos, fragatas kinglons, grandes estrellas de combate, naves de la Cofradía Espacial rezumando a Especia.. Todas esas razas se encontraban aquí. Igual que los animales salvajes acuden a los abrevaderos, existiendo un acuerdo tácito de no agresión, así las raza más antiguas y poderosas del universo estacionaban aquí.
Entre las gruesas láminas de acero galvanizado de este lugar se ha escrito la historia del universo, razas han desaparecido, imperios han caído, reinos galácticos han surgido de planetas yermos, pueblos han librado épicas batallas en el negro azabache del espacio.
¿Qué habrá sido de la poderosa orden de los Jedi? ¿De los lógicos y fríos Vulcanianos? ¿De los sanguinarios Aliens? De tantos y tantos... Han desaparecido como los Krell de Altair 4.
Yo que he vivido tanto y he visto tanto sigo asombrándome de esos débiles humanos, tan limitados por su pobre constitución es increíbles como se extendieron por todo el cosmos.
Desde sus primeros e inseguros pasos en su afán de descubrir los secretos que se escondían en Júpiter, pasando por una colonización de planetas que le llevó a conocer otros seres; unos terribles y sanguinarios que amenazaban su existencia, otros más allá de su conocimiento, como los Monstruos del It del Doctor Morbius, Hasta su inclusión por propio derecho entre la Federación de Planetas unidos.
Durante siglos he visto como el hombre se perdía entre las estrellas y como se sentía insignificante ante la inmensidad. Paranoicos como los astronautas de la nave Dark star, solitarios como el botánico Freeman Lowell cuya única compañía eran la de sus robots y la de sus amadas plantas. Visionarios como David Bowman, supervivientes como Ellen Ripley. Todos ellos vagaron por las estrellas, tan pequeños, tan grandes, tan únicos.
Esos seres han esparcido su semilla a veces de una forma pacífica otras veces a sangre y fuego.
El universo ha visto tanta sangre, tanta guerra , tanta muerte que hasta sus límites infinitos casi no pueden albergar los cadáveres.
Y todas las guerras tienen a sus héroes, durante miles de años sus nombres han quedado en la memoria, Luke Skywalker guardián de los secretos de la orden de los Jedis y su inseparable Hans Solo, el Capitán James T. Kirk, el mejor de los pilotos de Vipers coloniales de la confederación intergaláctica Apolo, Moabdil el que fuera conocido por Paul Atreides de la casa de Atreides, Flash Gordon el campeón de Mongo. Todos ellos arderán en la memoria el mismo tiempo que las estrellas en el cielo.
Sin embargo los tiempos para la épica han desaparecido, el espacio ha quedado vacío los rayos de taquiones , los lasers o los torpedos de fotónes no brillan en la oscuridad del vacío. Qué fueron de todas esos navíos estelares, qué oscuro poder los borro de la faz del universo. No fue la victoria del mal, porque ellos también se han evaporado, nadie sabe donde se hallan el oscuro Dark Vader o el malvado Ming o el Conde Baltar.
Grandes nombres que han pasado a la historia al mando de navíos no menos famosos: El rápido Halcón Milenario, la grácil NCC-1701 USS Enterprise la formidable estrella de combate Galactica, el crucero estelar de la unión de planetas C-57D, La monumental Nostromo todas estas naves han atracado en la estación orbital, esta estación también es parte de la épica, pero por qué no se ha registrado en los libros de historia.
Aún recuerdo cuando los grandes motores brillaban como alfileres de luz. Cuando el rugido silencioso de las astronaves cruzaba el vació. Cuando el hiperespacio era un lugar tan transitado como una carretera convencional.
Ahora, la nada, el vació, la soledad.
Ni siquiera los mundos se han librado de la maldición, baldíos están Naboo, Arrakis, Rigel 12, las doce colonias de Kobol, Mongo incluso el océano sintiente de Solaris se ha secado ...
Desde el puesto de mando de la estación orbital envío mensajes en todos los idiomas conocidos y en todas las frecuencias pero el silencio es la única respuesta que obtengo. Ninguna forma de vida ha sobrevivido a la extinción.
Sólo he quedado yo para recordar el pasado, como el V`Ger he intentado condensar todo el saber, pero son demasiados datos demasiado conocimiento para una sola mente.
Miro las estrellas sin ver una luz dentro de mi oscuridad. Quiero compartir con alguien mi carga, mi añoranza de aquellos tiempos combatir mi soledad. Quiero gritar al espacio, ¿Por qué se fueron todos? ¿Dónde están? ¿Volverán algún día?
El esfuerzo es inútil ninguna pregunta es respondida. Aunque comienzo a sospechar las respuestas.
Todos deben de estar ahí, esperando, preparando su vuelta, algún día regresarán. Cuando estemos de nuevo preparados, cuando seamos de nuevo capaces de soñar. Cuando nuestra imaginación sea capaz de nuevo de viajar por las estrellas. Cuando el espacio no sea la última frontera. Cuando la puerta de Tannhäuser vuelva a brillar, volverán y yo estaré esperándoles.
El tiempo no es problema. Soy un eternauta en la marejada atemporal de un universo de celuloide.

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